La ciencia detrás de cantar “Om”

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La ciencia detrás de cantar “Om”

Desde antes de practicar Yoga, una de las pocas cosas que sabía de meditar o del propio Yoga era el canto de “Om”. Obviamente, no entendía para nada su función y parecía más un elemento de burla que algo efectivo. Al empezar a practicar Hatha Yoga y cantarlo, me fui dando cuenta de que, por algún motivo, me relajaba bastante. Así que decidí no pensar si tenía lógica o no, sino simplemente experimentar las sensaciones que me producía. También observé que había diferencia entre cantarlo yo sola (en mi casa) o en grupo. De todos los mantras que he cantado, el más poderoso y efectivo para mí es “Om”. Por eso, creo que se merece un poco de justicia para que las personas que van a clase de Yoga dejen de pensar:

“Yo no voy a cantar esta tontería porque me siento súper ridícula”

Y luego ves que la gente la canta y piensas… ¿estarán todos locos? ¡Pues no!

A continuación te explico en fundamento “yogui” del mantra y después el fundamento “científico” del mantra. A mí me ha ayudado bastante a entender por qué me sienta bien y me relaja tanto cantarlo.

 

El significado del Mantra Om en Yoga

Este mantra también se conoce como pranava, el mantra más sagrado que representa a Brahma (divinidad) y el universo entero. Se dice que es el primer sonido del universo, que el universo se resume en este sonido. Significa por lo tanto una unión con lo supremo, entre lo físico y lo espiritual. Realmente no es una palabra, sino un sonido, que permite conectar con planos superiores de conciencia y conectar con el universo.

En la práctica de Yoga, dependiendo del tipo de clase, se suele cantar al principio y al final de la práctica. Es una forma de abrir y cerrar la sesión, creando un espacio para la meditación y la consciencia.

“Cuando un Mantra es pronunciado repetidamente, las ondas del Sonido, como un dinamo, son transformadas en energía eléctrica o vibraciones, y si se unen con emociones profundas, se vuelven más poderosas.  Estas vibraciones asumen la forma de un anillo que se eleva a gran velocidad por el medio del Eter, moviéndose directamente hacia la Deidad que preside ese Mantra.  Cuando llega a su Deidad, se combina con el poder de ésta antes de rebotar de vuelta junto a los sutiles aunque ahora multiplicados poderes de esa Deidad, para reingresar a su fuente de origen, que es el cuerpo sutil de quien esté entonando el Mantra.  Mientras más fuerte sea la Fe, la Fuerza de Voluntad y la Emoción unidas al Mantra, más Potente será la atracción de los poderes de la Deidad.  Será como un efecto de Dinamo, mientras más repitan un Mantra de manera contínua, mayor se cargarán de Divinidad.

Este fenómeno es tan sutil y tan rápido que la persona que esté entonando el Mantra ni siquiera se da cuenta de lo que sucede, puesto que estas ondas o vibraciones sonoras que se mueven por el aire a razón de 340m por segundo poseen su propia frecuencia, en tanto que los humanos no pueden escuchar sino entre 20 y 20.000 frecuencias por segundo y nada fuera de este rango.” (Ayúrveda Canarias)

Los mantras según la ciencia

“En el nivel físico, la ciencia del sonido se centra en el movimiento de la lengua dentro de la boca.  La parte dura del paladar forma la bóveda de la boca en donde encontramos localizados 84 puntos meridianos.  Mientras se pronuncia el Mantra, el movimiento de la lengua va estimulando estos puntos meridianos, los cuales, a su vez, estimulan al hipotálamo para que secrete fluidos neurotransmisores.  Mientras estos diferentes líquidos químicos son transmitidos hacia diferentes partes del cerebro, se transmiten también mensajes.

Estas vibraciones sonoras del Mantra son recibidas simultáneamente también por el oído y son transformadas en señales eléctricas que se desplazan a lo largo del nervio acústico hacia la corteza auditiva en el cerebro, cuyas células responden a estas ondas y las transmiten hacia varias partes del cerebro, en especial hacia el lado frontal..  Todas estas partes funcionan al únísono respondiendo a las señales y traduciéndolas al lenguaje que el humano entiende.

Siendo que nuestro cuerpo está constituido por al menos un 70% de agua, nuestros cuerpos se transforman en excelentes conductores de las vibraciones sonoras, de modo que cada célula en ellos actúa como un resonador.  Y entonces, finalmente, el cerebro analiza estas señales y le da órdenes a varias partes del cuerpo para responder a ellas.” (Ayúrveda Canarias)

 

Mi experiencia personal

Por mucho que me dijeran mis maestros que los mantras eran algo científico y muy poderoso, soy una persona bastante escéptica y por eso quiero hablar desde mi experiencia.

Durante mi formación de Yoga, teníamos todas las mañanas canto de mantras durante 30 minutos. Sinceramente, había mantras que no me movían nada y otros que me hacían tener distintas sensaciones: me relajaban, me activaban, me hacían dejar de tener tantos pensamientos por segundo o me hacían notar calor en las manos (como energía).

Pero concretamente el mantra Om me parece el más poderoso y efectivo. Es el más sencillo y durante todo el canto del mantra se produce una vibración en la cabeza que relaja muchísimo. Cuando lo cantas en grupo esta vibración aumenta al producirse una especie de melodía que a mí, personalmente, me produce muchísima paz.

Una de mis meditaciones favoritas es la “ola de Oms”. Es muy sencilla y solo hace falta tener un grupo de gente (más de cinco personas recomendaría). Se comienza a cantar el Om y después cada uno sigue a su ritmo, llegando un punto en el que no hay silencios sino que los distintos Oms se van solapando progresivamente. Es una meditación sencilla y poderosa, creo que merece la pena probarla.

 

En conclusión, creo que una de las finalidades más importantes del Yoga es conectar con nosotros mismos y frenar ese aluvión de pensamientos (muchos negativos) que nos bombardean durante el día. Al cantar el Om, en mi caso, experimento un alivio y una concentración superior a la que alcanzo con otras técnicas. Esto para mí, independientemente de los fundamentos científicos o yoguis del mantra, es razón suficiente para practicarlo con asiduidad. Y sí, yo también me sentía ridícula al principio cuando tenía que cantarlo, pero después me di cuenta de que más ridículo era no hacerlo siendo algo tan sencillo y que sienta tan bien.

¿Te animas a probarlo?

 

 

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